La noche del Viernes Santo, el centro histórico de Zacatecas volvió a sumirse en la quietud con la tradicional Procesión del Silencio, una manifestación de fe que reúne historia, solemnidad y participación ciudadana.
Alrededor de 700 personas formaron parte del recorrido, avanzando en completo silencio por las principales calles del primer cuadro, acompañando imágenes religiosas que datan de más de dos siglos y que cada año salen para su veneración.
El contingente inició su marcha poco después de las ocho de la noche, recorriendo vialidades como Juan de Tolosa, Genaro Codina, Fernando Villalpando, Juárez y Avenida Hidalgo, hasta llegar a la Catedral Basílica de Zacatecas.
Durante el trayecto, destacaron los participantes vestidos con túnicas y capuchas en tonos blanco, negro y morado, así como damas de negro y diversas cofradías que avanzaron entre la arquitectura de cantera rosa que caracteriza a la ciudad.
El obispo Sigifredo Noriega Barceló señaló que en esta edición participaron fieles de distintos templos, portando 12 imágenes religiosas, entre ellas representaciones como Jesús Nazareno y Nuestro Padre Jesús, consideradas piezas de gran valor histórico.
Más allá de su dimensión religiosa, esta procesión tiene un profundo arraigo histórico, ya que sus orígenes se remontan a finales del siglo XVI, lo que la posiciona como una de las tradiciones más antiguas del país.
Actualmente, la Procesión del Silencio es reconocida como patrimonio cultural inmaterial y forma parte de las actividades que acompañan el Festival Cultural de Zacatecas, manteniéndose vigente como una expresión del fervor popular.
Para quienes asistieron, ya fuera como espectadores o participantes, la experiencia representó un momento de reflexión colectiva, donde el silencio y la devoción marcaron el ritmo de una de las celebraciones más significativas de la ciudad.




